A probar lo exótico / Taste the exotic

(Dibújense y bórrense los límites y el tiempo, foodies)… En el mundo antiguo la comida más recomendable y saludable era la del hogar. Entre más lejos se viajara más probable era que la gente enfermara a causa, por supuesto, de la comida extranjera.

Hoy viajamos tan solo para disfrutar del placer de probar aquella comida que se puede nombrar con una palabra de significado bastante relativo: “exótica”. Es decir, de otra parte que no es mi tierra.

Desde ese entonces, la idea predominante es aquella que afirma que eres lo que comes; y así, la comida ha sido diferenciadora jerárquica. Los vegetales y la comida cruda, cosa de “animales”; los quesos y leche, de “bárbaros”, los granos para los campesinos. Los últimos alimentaban a los buscadores espirituales, la carne a los guerreros; los alimentos procesados “refinados”, a los aristócratas.

Los hábitos alimenticios fueron regidos por el rango de las clases y los grupos sociales. La gente común se arraigaba a sus platillos y despreciaba la comida de los otros. Las cocinas de la élite, en cambio, mantenían comunicación a través de intercambios y regalos de productos.

En tiempos de conquistas la imposición de culturas sucedía también en las cocinas, dónde, como en el arte, el halago más sincero es la imitación.

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(Draw and erase the limits of time and space, foodies)…. In the Antique world, the most recommendable and healthy food was the one from home. The longer the distance traveled, the more probable it was to get sick, because of the foreign food, of course.

Today, however, we travel only to taste and enjoy the food that once was called with a word now too relative: “exotic”. That is to say “not from home”.

Since then it was very popular the idea of being what we eat, and so, food has been a hierarchic differentiator. Raw and vegetables made people more “animal”, cheese and milk “barbaric”, grains, for farmers, also related to spiritualism; meet to warriors and processed, refined food to the aristocracy.

Diet habits were governed by class ranks and social groups. Common people rooted in their dishes and despised others. They were the elite kitchens the ones that were communicated through interchanges and gifts of “exotic” products.

In Conquest times, an imposition of culture occurred in the kitchens too; where, like in art, the most sincere flattery is imitation.

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