De alimentos sagrados… / About sacred food

Un gusto que estamos encontrándonos de nuevo, foodies… Hoy comienzo una serie dedicada a los alimentos que acompañando al sagrado maíz, constituyeron la base de la gastronomía tradicional mexicana.

Verán que, en México, son raros los rituales (o cualquier tipo de evento, en realidad) que no incluyan el consumo de alimentos por los invitados y participantes.

El Popol Vuh (libro mítico maya k’iche’) narra que, después de una búsqueda exhaustiva y un par de intentos fallidos, las divinidades encontraron la materia para esculpir el cuerpo de los primeros hombres. Como si el hombre estuviera desde el inicio diseñado para el consumo, lograron moldearlo con un alimento que desde entonces fue sagrado: el maíz. El primer padre y la primera madre querían crear un hombre que los amara recíprocamente y los alimentara. El maíz es sinónimo de la vida; sustancia capaz de crearla y sostenerla. (Y así lo ha hecho).

Esta persona de maíz retribuye con ofrendas (de maíz, claro; primero humanas, luego tamales) los favores de sus dioses, que propician el buen clima para las buenas cosechas; la milpa. Así ocurre la vida y el desarrollo de sus hijos. El alimento se constituye como el punto central de la relación de los hombres con sus dioses; cuya forma de pago se hace a través de la comida.

Para los rituales dedicados a la Tierra (diosa que se distingue por su apetito voraz y sin tregua), después de saludar a las divinidades y de pedir perdón por el importunio, comienzan las quejas y peticiones, entrelazadas con regalos en forma de alimentos. El tamal se convirtió en sustituto de los sacrificios humanos. Simboliza al hombre (masa y salsa, cuerpo y sangre). Desde una mirada animista, el alimento tiene una sustancia viva, según los tzeltzales, comunidad de los Altos de Chiapas, un ch’ulel, del que se nutren tanto los hombres como las divinidades.

 

¡Ven, que Tomate Quesillo te lleva a probar la delicia de los sagrados tamales, y mucho más!

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A joy to meet us again, foodies! Today I start a series dedicated to those foods that, joining the corn, constituted the basis of traditional Mexican gastronomy.

You’ll see, in Mexico, it is rare the rituals (and any kind of event, actually) that don’t include food consumption by participants and guests.

The Popol Vuh, mythical Maya k’iche’ book, narrates that, after an exhaustive search and a couple of failures, the gods found the matter for sculpting the first men. as if since the beginning men were made to be consumed, they molded a man out of a newly sacred food: corn. the first mother and father wanted a man that would love and nourish them back. Then, corn is a synonym of living; substance capable of creating and sustain it. (And so it has done).

This corn man reciprocates his gods with offerings (of corn, of course; first they were human, then tamales), this way, gods favor them with good weather for a good harvest (the milpa). This is how life happens, and kids grow. Food turns to be the central point in the relationship between humans and their divinities; the way to pay is through food.

For those rituals dedicated to the Earth (Goddess that distinguishes herself for having a voracious appetite), after the greeting, telesales ask for forgiveness and then the complains and petitions start, interlaced between food offerings. The tamal is the substitute of human sacrifices. It symbolizes man (dought and sauce, flesh and blood). According to an animist look, the food has a living substance; in accordance with the tzetzales from Los Altos of Chiapas, a ch’ulel; from what men and gods nourish.

Come with Tomate Quesillo now, and delite yourself with sacred tamales and much more!

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