Mercado mexicano / Mexican Market

La gran cocina empieza en los mercados, lugar en donde el cocinero se aventura, se entusiasma, se inspira y se reta frente al coqueteo y la provocación de la alucinante oferta de ingredientes.

Los puestos de comida preparada son una gustosa particularidad de los mercados mexicanos. Especialmente animados los domingos, o los miércoles cuando bajan los productores, o los viernes en éste y los martes en aquel; por la mañana mientras se tienden los puestos o en el apogeo de la hora del almuerzo, cuando, en su sección respectiva un apetitosísimo escaparate de la mejor comida popular se despliega.

La maravillosa variedad de suculencias promete fantasías al paladar. A lo largo de laberínticos pasillos, pirámides de colores desbordan brillantes y frescas frutas y verduras; los azulejos blancos contrastan con los hilitos de sangre que escurren de alguna cabeza, y los enfilados amarillos no saludan… Después de las necesarias vueltas, uno finalmente termina encontrando a su marchanta/e; y entre bromas usadas y camaradería simpaticona va llenando la (necesariamente resistente) bolsa del mandado.

En ningún mercado falta la perfumada fila de puestos donde, una vez hechas las compras, uno descansa y se complace saboreando deliciosos antojitos mexicanos.

Son estas visitas a los mercados uno de los puntos cruciales en el surgimiento de la cocina mexicana, de su originalidad y perspicacia.

Ven ya a San Cristóbal de las Casas; recorre su magnífico mercado y ya antojado de todo… ¡A comer con Tomate Quesillo!

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The great cuisine begins in the markets, where the chef ventures, gets excited, is inspired and is challenged by the flirt and the provocation of the amazing ingredients offer.

The food stands are a nice feature of Mexican markets. Especially animated on Sundays, or Wednesdays when producers come, or Fridays on this one and Tuesdays on that one; In the morning while the stands are assembled or in the rush hour of lunch when in their respective section an appetizing showcase of the best popular food unfolds.

The wonderful variety of succulence promises fantasies to the palate. Along labyrinthine corridors, colorful pyramids overflow bright and fresh fruits and vegetables; The white tiles contrast with the scraps of blood that run from some head, and the yellow lines do not greet … After the necessary walking, the personal dealer is finally found; And between used jokes and sympathetic camaraderie he/she fills the (necessarily resistant) bag of purchases.

In no market lacks the perfumed row of stalls where, once everything’s been bought, one rests and indulges in savoring delicious Mexican antojitos.

These visits to the markets are one of the crucial points in the emergence of Mexican cuisine, its originality, and insight.

Come to San Cristobal de las Casas and wander around his unique market. You’ll be hungry ready to enjoy the lunch with Tomate Quesillo!

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